Opinión

A Battaglia le conviene creer en los pibes

El DT apuesta a muchos grandes y Boca se mueve a ritmo de carreta. Juega con fuego. Los penales lo salvaron con Patronato. Y se viene River. Sostener esa elección suena riesgoso. Debe respaldar de verdad a los chicos. ¿O acaso Weigandt (lesionado), Sandez, Varela, Montes, Molinas y Vázquez hoy no demuestran más que Advíncula, Fabra, Campuzano, Pulpo González, Cardona y Orsini?
 

Por Enrique Gastañaga

Sebastián Battaglia saluda a Edwin Cardona, quien acaba de salir. El colombiano es uno de los que está en la mira tras su desplante en la Libertadores.(Juan Jose Garcia)

Sebastián Battaglia saluda a Edwin Cardona, quien acaba de salir. El colombiano es uno de los que está en la mira tras su desplante en la Libertadores. | Juan Jose Garcia

Juega con fuego Sebastián Battaglia cuando dibuja algunas formaciones iniciales y también cuando cambia durante los partidos. Parecía en un momento que apelaba a los chicos que ya bastante insinuaron, pero con Patronato se apoyó en los grandes que hace tiempo no convencen. Era una instancia decisiva de la Copa Argentina, muy cercana además al Superclásico del 3 de octubre. La impresión es que optó por la experiencia para transitar estos días decisivos. Sin embargo, con los de mayor recorrido, en Santiago del Estero, de nuevo lució Boca vacío de frescura, lento, monótono, con ritmo de carreta. Sostener esa elección suena más que riesgoso, hasta conspira contra su propia tranquilidad. Por eso a Battaglia le conviene creer en los pibes y apostar por ellos de verdad.

Si Battaglia arma contra River un equipo similar al de Patronato y le va mal, agotará gran parte de su crédito. Representaría en cierto punto un rasgo de tozudez. Imitaría al Russo del último tiempo. En cambio, si de una vez por todas elige a los juveniles y no resulta, no habrá espacio para ningún reproche. Significaría que escogió a quienes mejor venían jugando y, simplemente, no resultó. Los chicos ganarían una experiencia única y nadie los cuestionaría. Tampoco a Battaglia. 

Respaldar con fuerza total a los pibes que más ilusionan a Battaglia además le ayudaría a establecer una línea de juego tan nítida como saludable. Definiría los matices de la búsqueda. Significaría escoger como "5" a Alan Varela y como "10" a Aaron Molinas. 

Estaría escogiendo con Varela a un volante central de personalidad y atrevimiento para animarse también a desplazamientos y pases verticales, algo que Campuzano y Rolón no ofrecen. Estaría impulsando con Molinas a un enganche que no deja de pedirla, que cree en la asociación y en la movilidad, algo que el Edwin Cardona de estos días no ofrece. Además, bajaría un mensaje a los jóvenes: “No vale todo”. A no olvidarse del desplante que el colombiano a todos les hizo cuando eligió irse de vacaciones antes que afrontar los choques decisivos de la Libertadores.

A pura intensidad y con presencia ofensiva, Marcelo Weigandt ya demostró que no le pesa ser el 4 de Boca, mientras el seleccionado Luis Advíncula aún no logra exponer su jerarquía internacional y no se afirma ni con la pelota ni en la proyección. Esta discusión algo se atenúa en estos días porque Weigandt se desgarró, pero igual ya en esa posición hubo otro pibe que se movió con naturalidad: Eros Mancuso. 

Multiplicando proyecciones y centros que lastiman y a veces se convierten en asistencias, Agustín Sandez dejó en claro que es capaz de trascender como marcador lateral izquierdo. Venía sacándole una ventaja notoria a Frank Fabra, quien recuperó terreno al ser el más peligroso de Boca contra Patronato. De todos modos, el colombiano no fue exigido hacia atrás, donde más frágil se muestra porque flaquea demasiado defendiendo.

La otra pulseada es la del “9”. El nacido en el club, Luis Vázquez, demostró capacidad en especial en el juego aéreo, pero también saliendo a los costados. Ya gritó un par de goles y no hizo más porque los palos se lo negaron. Eso sí, Battaglia parece decidido a probar a Nicolás Orsini, uno de los refuerzos que menos jugó por las lesiones y que por ahora no convirtió.

Habrá que ver ahora cómo Battaglia reemplaza a Juan Ramírez, cuyo esguince de rodilla ya fue confirmada. Se trata del hombre con mayor cambio de ritmo. Una pérdida brutal. Ahí tal vez se le abre la puerta a algún pibe para no perder todavía más frescura y velocidad: ¿Diego González o Rodrigo Montes, por citar dos posibilidades? Cristian Medina ha perdido terreno. A esperar. 

Battaglia creció, se formó y escribió una historia colosal en Boca. La diferencia es que ahora Boca no vive una realidad parecida a la de aquella época en que Sebastián fue juvenil. Hoy no existe espacio para grandes contrataciones ni para esperar demasiado a quienes vienen desde abajo. 

El mapa de Boca en este tiempo muestra a muchos experimentados del plantel que no convencen, con niveles inferiores a los que exhiben chicos nacidos en el club que no son tan chicos como Weigandt (21), Sandez (20), Varela (20), Molinas (21), Montes (21) y Vázquez (20), todos surgidos en el último tiempo. Agustín Almendra tiene 21, pero no se lo incluye en ese grupo porque hace rato que debutó. 

A pesar de este escenario, Battaglia apuesta a los grandes. Con Patronato inclusive demoró los cambios, pero lo salvaron los penales. Juega con fuego sin necesidad. Al cabo, le conviene creer en los pibes y apostar por ellos de verdad.
 

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